Top

La idea de vivir por fe puede sonar muy buena e interesante. Sin embargo, es mucho más halagüeño tener la seguridad de saber lo que nos depara el futuro, de tener cierta seguridad en relación a nuestras vidas y bienestar. Podría ser mucho más cómodo tener un buen empleo, una casa propia y una familia estable, antes que confiar en un poder divino que ni siquiera podemos ver.

Siendo honestos, una persona diagnosticada con una enfermedad terminal, alguien que ha perdido su empleo o su casa, tal vez alguna persona que ha perdido un ser querido o que ha sido víctima de los embates de la injusticia social que impera en nuestros días, con mucha frecuencia se pregunte si tiene algún sentido vivir por fe y confiar en la sabiduría divina.

“¿Hasta cuándo?”, esa es la pregunta que formula el profeta Habacuc a Jehová, en medio de su desesperación y desconcierto (Habacuc 1:1). Aparentemente, las palabras de este profeta están llenas de resentimiento, desesperación y angustia. Estas palabras causan un eco que ha resonado aún hasta nuestros días, cuando mucha gente cuestiona la sabiduría y justicia divina al ser víctimas de la injusticia, la maldad, la desigualdad y la iniquidad que impera en estos tiempos. Hoy en día, muchos tienden a preguntarse dónde está Dios cuando les sobreviene una calamidad o una desgracia.1

La pregunta “¿Hasta cuándo?”, la cual podríamos calificar como una queja de parte del profeta para con Dios, es motivada por la violencia campante que predominaba en la época en que vivía, además de la injusticia y la desigualdad social por causa de la lucha entre las diferentes clases sociales. Situación que afectaba no sólo al profeta, sino a todos aquellos que no tenían parte en estas acciones deplorables y que servían fielmente al Dios verdadero.

¿Por qué me haces ver iniquidad y haces que vea tanta maldad? Ante mí sólo hay destrucción y violencia; pleito y contienda se levantan. Por eso la Ley se debilitad y el juicio no se ajusta a la verdad; el impío asedia al justo, y así se tuerce la justicia” (Habacuc 1:3-4)

Ante esta realidad, el profeta no puede entender cómo es que un Dios de amor, misericordia y justicia, permite que sucedan tantas cosas que van en detrimento de sus hijos. Sobre todo, lo más sorprendente es que todo esto acontecía en Judá, dentro del mismo pueblo que Dios había escogido y al cual había dado su Ley. Pero en medio de su desconcierto y angustia, Jehová alentó la fe del profeta y le aseguró que haría juicio por medio de los babilonios.

“Porque yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas. Formidable es y terrible; de ella misma proceden su justicia y su dignidad” (Habacuc 1:6, 7)

En un sentido, la respuesta de Dios satisfizo la preocupación de Habacuc en lo relacionado a los impíos de Judá y a la injusticia que reinaba allí. Sin embargo, la respuesta divina trajo consigo otra interrogante, es decir, generó otro problema. La visión que Habacuc tenía acerca de Dios, excluía la posibilidad de que este permitiera que una nación como Babilonia, por demás pagana, cruel y mucho más injusta que Judá, fuera precisamente la que hiciera juicio sobre el pueblo judío.2

“Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué, pues, ves a los criminales y callas cuando destruye el impío al que es más justo que él?”

(Habacuc 1:13)

Evidentemente, había una diferencia entre el concepto de justicia que tenía Habacuc y la forma de Dios gobernar. ¿Cómo puede una persona tener fe en un Dios que tolera el aparente triunfo de los malvados? Esta pregunta resuena en mucha gente hoy en día, que al igual que el profeta Habacuc no logran conectar la justicia divina con los hechos delictivos, violentos y aún catastróficos que se están suscitando en todo el mundo, de los cuales todos de alguna manera podríamos ser víctimas. De igual forma, lograr entender qué pasa con Dios cuando sufrimos o cuando tenemos una pérdida muy valiosa, resulta ser un tanto difícil y frustrante, a tal punto que muchos pierden la fe y la esperanza en medio de este torbellino de problemas y vicisitudes.

Ante esta segunda interrogante de Habacuc, Jehová  no quedó sin darle respuesta e instruyó al profeta y sus hijos, para que esperaran en fe el plan de Dios. “Jehová me respondió y dijo: ‘Escribe la visión, grábala en tablas, para que pueda leerse de corrido. Aunque la visión tarda en cumplirse, se cumplirá a su tiempo, no fallará. Aunque tarde, espérala, porque sin duda vendrá, no tardará. Aquel cuya alma no es recta se enorgullece, más el justo por su fe vivirá’” (Habacuc 2:2-4).

Varias lecciones se desprenden de este relato bíblico. En primer lugar, debemos saber que Dios nunca deja sin respuesta a aquellos que claman a Él por justicia y auxilio. De igual manera, las promesas del Señor son fieles y verdaderas, por lo tanto Jehová asegura al profeta que la visión habría de cumplirse, a pesar de que el hecho de saber que una nación perversa habría de hacer juicio sobre el pueblo de Dios, no era nada halagüeño. Además, lo más esencial de cuanto señala el texto bíblico es que el Señor nos invita a vivir en fe el plan que Él ha diseñado por nosotros.

Es por la fe en Dios, como podemos adquirir una paz inigualable en medio de la prueba y la calamidad, por medio de la confianza en el Todopoderoso es cómo podemos poner a un lado todo aquello que nos preocupa en relación a nuestro futuro. Los planes que Dios tiene para con sus hijos, siempre serán mejores que lo que ellos pudieran desear, aunque en primera instancia parezca lo contrario, pero siempre es bueno recordar que todo cuanto Dios permite que suceda en la vida de sus hijos, tiene algún propósito.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”

(Heb. 11:1)

Aunque Habacuc tenía una visión y un concepto muy peculiar en torno a la justicia divina y a la manera en que Dios debía manejar las cosas, el Señor le mostró que su único deber era vivir en fe su plan y entender que Él tiene el control de todo cuanto existe, por lo tanto, al reconocer la sabiduría y absoluta soberanía divina, no nos queda de otra más que callar ante su presencia y esperar en el Señor.

“Mas Jehová está en su santo Templo: ¡calle delante de él toda la tierra!” (Habacuc 2:20)

La fe que fortaleció a Habacuc y a todos los santos y justos de aquellos tiempos de prueba intensa, era la misma fe que sostiene al pueblo de Dios hoy. En las horas más sombrías, en las circunstancias más amedrentadoras, el creyente puede afirmar su alma en la fuente de toda luz y poder. Día tras día, por la fe en dios, puede renovar su esperanza y valor. ‘El justo en su fe vivirá’”.3

Hoy te invito a que puedas confiar en el plan que Dios ha diseñado para tu vida, si bien es cierto que es mucho más fácil y cómodo creer en lo que puedes ver y palpar, sin embargo el Señor espera que vivas en fe su plan, no importa lo que esté aconteciendo en tu vida o en tu entorno, tampoco importa cuán difícil sea el tiempo que se aproxima y cuánto te preocupa todo esto, recuerda siempre las palabras de Jehová al decir, “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11)

No comments yet.

Deja un comentario