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LA LIBERTAD RELIGIOSA

Entonces Él les dijo: Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.

(Lucas 20:25)

La libertad es un regalo muy sagrado y de incalculable valor para los seres humanos. La humanidad fue creada con libertad de elección o libre albedrio. La religión está grabada en el corazón mismo de los seres humanos, impregnada en cada célula y en cada partícula que conforma su propio ser y existencia.  Siendo así, el hombre, creación de Dios, no puede ser menos que un ser religioso por naturaleza.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 10 de diciembre de 1948 [a las 3 a.m.], en su artículo 18, consagra el principio de la libertad religiosa: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia”.

La libertad religiosa está fundamentada en la libertad de elección. Es la libertad de adorar o no a Dios o a cualquier otra cosa. El mismo creador dotó al hombre con este inalienable derecho desde el principio. Pero tristemente la historia de la humanidad y, en forma específica, la historia del cristianismo, es la de un increíble espíritu de intolerancia religiosa manifestado por personas muy religiosas. Las condiciones que han permitido tal atropello a los derechos y las libertades de los seres humanos, tienen sus raíces profundamente arraigadas en el perpetuado mal de la unión de los poderes políticos y religiosos en un sólo sistema de gobierno. La intromisión de los gobiernos en los asuntos religiosos siempre ha terminado en intolerancia hacia quienes disienten de la mayoría.

La libertad religiosa está íntimamente relacionada y condicionada por el principio de separación entre la iglesia y el estado. La sagrada Escritura declara el mismo principio en las siguientes palabras del mismo dador de la libertad: “Dad a César [el gobierno terrenal] lo que es de César; y a Dios [el gobierno celestial] lo que es de Dios” (Mateo 22:21). “La autoridad de Dios es suprema; por lo tanto la lealtad máxima del cristiano [y de todo ser humano] debe ser para con Dios. La jurisdicción de Dios es absoluta y universal; la del César, subordinada y limitada”. No reconocer esta importantísima distinción y separación de poderes, históricamente ha traído trágicas consecuencias para las minorías.

La lucha por la unión de la Iglesia y el Estado no constituye el comienzo de una nueva era cristiana en Estados Unidos -por más publicidad que veamos en este sentido- donde se resuelven los problemas morales de la sociedad; sino más bien, el semillero de la peor ola de intolerancia y persecución religiosa que ha sobrevenido [y que con toda seguridad vendrá] a este mundo.

El libro de Apocalipsis nos enseña que los Estados Unidos de Norteamérica –la cuna de la libertad religiosa- será la tumba de la misma (Apo.13:15-17). “Las autoridades harán leyes para restringir la libertad religiosa” 3 “En nuestro país [EE.UU.] que se jacta de la libertad, se acabará la libertad religiosa”. 4

El soberano creador del universo no le ha dado a ningún gobernando, reino o iglesia la potestad de avasallar la libertad de conciencia de los seres humanos en materia de religión. Ningún hombre o mujer debería ser forzado a aceptar una creencia religiosa particular o de cualquier otro tipo, por más apoyo [y publicidad] que tenga de la mayoría.

“La libertad es una delicada planta que todavía requiere tierno y amante cuidado, y sólo en la medida en que entendamos el proceso histórico que la hizo posible y la formidable fuerza que, incluso en la actualidad, amenazan con suprimirla, seremos capaces de preservarla para nosotros y para las generaciones futuras […]. La persecución religiosa siempre se ha gestado en algún tipo de unión entre la Iglesia y el Estado.

La flexibilidad en las relaciones entre la Iglesia y el Estado da por resultado la “tolerancia religiosa”, pero sólo cuando la separación entre estos dos poderes sea absoluta puede haber libertad religiosa auténtica” 5. La tolerancia religiosa a corto plazo es intolerancia religiosa a largo plazo. No es “tolerancia religiosa” lo que debemos proclamar y defender, la lucha es por la verdadera libertad religiosa: un regalo que el creador espera que usemos [a diferencia del primer usuario del libre albedrío] para reconocer “la verdad que nos hará libres” (Jun. 8:32 cf. 14:6).

“La libertad considera a la religión como su compañera en todas las batallas y triunfos, como la cuna de su infancia, y la fuente divina de sus afirmaciones.  Considera la religión como la salvaguarda de la moralidad, y la moralidad como la mejor seguridad de la ley, y el compromiso más seguro de la duración de la libertad”.

 (Alexis de Tocqueville) 1

Jorge Luís Peralta Reyes

Laico Iglesia Adventista del 7mo Día

  1. Clifford Goldstein, ¿Una nación bajo la autoridad de Dios? (ACES, 2002) p.74)
  2. Comentario Bíblico Adventista, Mateo 22:21
  3. Ellen G. White, Deseado de Todas las Gentes p.583
  4. Ellen G. White, El Evangelismo p.175
  5. Norskov Olsen, Supremacía Papal y Libertad Religiosa (APIA, 1992), pp.172-173, énfasis añadido)
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