Top

No se necesitan credenciales

Las credenciales son las identificaciones que certifican que un profesional está capacitado para realizar cierta labor. En la vida espiritual, muchos nos hemos hecho credenciales, y no está mal tenerlas, ¿o sí?

La Biblia narra la historia Sansón y Dalila, podríamos aminorar la debilidad de Sansón y acusar de infame el descaro de Dalila al engañarle. En Jueces 16:6 Dalila insiste: “…Te ruego que me declares dónde está tu gran fuerza y cómo se te puede atar para castigarte (afligirte, esclavizarte).” Dalila estaba interesada en descubrir la fuerza de su “amado” a pedido de sus enemigos los filisteos.

Al recibir esta pregunta, Sansón, quien reconoció la seriedad del asunto, disuadió a su pareja mintiéndole una y otra vez, pero la tercera vez, la Biblia relata que Sansón le “reveló lo que había en su corazón” (Jueces 17:17) al confesarle que el secreto de su fuerza residía en su larga cabellera.

Muchas veces somos aplaudidos o reconocidos por personas que están interesadas, no en glorificar sinceramente a Dios o en darnos “honra” (Rom. 7:13), sino en saber cuál es el secreto de nuestra fuerza o quién avala nuestra credencial con el fin de descubrir un método para esclavizarnos o afligirnos. Sea directamente o no, cuando tu fuerza reside en el reconocimiento público, en aplausos… Satanás puede quitártela para afligirte, sin importar la situación o el contexto en el que te encuentres.

Jesús recibió las mismas preguntas de parte del enemigo de las almas. Cuando le retó en el desierto a que demostrara el secreto de su fuerza, Jesús respondió: “Escrito Está […].”

En otra ocasión, cuando algunos curiosos y retadores hombres, buscando descubrir en su naturaleza el secreto de su fuerza, Jesús les respondió “¿Quienes dicen ustedes que yo soy?” (Mateo 16:16). Cuando ante el concilio, buscando como avergonzarle y en medio de los jueces y acusadores, los fariseos le preguntaron: “¿Eres tú el Hijo de Dios? Y Él les respondió: Vosotros decís que yo soy” (Lucas 22:70). Jesús sabía que cuando el hombre abre su corazón y presenta credenciales humanas, no está diciendo solo dónde reside su fuerza, sino que también está declarando como puede ser humillado y esclavizado.

Jesús no necesitaba decir de dónde venía su poder, no necesitaba decir cuál era el secreto de su fuerza, no necesitaba presentar sus credenciales porque la gente llegó a reconocer que su fuerza y autoridad estaba en Jehová, su Padre, y que fuera de él no encontrarían forma alguna para derrotar al Hijo de Dios.

El apóstol Pablo, debía presentarse ante sus destinatarios en sus cartas, y nos muestra un ejemplo de presentación que dista mucho de la de Sansón o la nuestra. En Romanos 1:1 el apóstol se presenta como “Pablo, el esclavo de Jesucristo” y cuando la gente consideraba que Pablo tenía una vida ejemplar y que debía ser imitado él les respondió: “Sed imitadores de mí como también yo lo soy de Cristo” (1 Cor. 11:1). Cuando tuvo que mostrar su testimonio para

dar ejemplo a la iglesia de Gálatas dijo: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).

No creas que el secreto de tu fuerza está en tus habilidades para hablar en público, en tus sólidas finanzas o en personas que conoces o te admiran; si tus credenciales no están respaldadas en la obra de Cristo en ti, solo tienes puntos débiles que pueden ser descubiertos y utilizados para afligirte y esclavizarte.

Pablo sabía de dónde venía su fuerza, de la fuente inagotable, el recurso inseparable que es Jesucristo. Por eso pregunto, “¿Quién nos separará del amor de Cristo? […]” (Romanos 8:35). Ahora dime, ¿dónde reside tu fuerza? ¿Quién ha firmado tus credenciales?

omar
Omar Montilla es pastor adventista y en la actualidad cursa una maestría en la Universidad Adventista Andrews.

 

No comments yet.

Deja un comentario